En Valencia, el patio no es un resto de la parcela. Es la habitación que no tiene techo y la que decide cómo se usan las demás. Cuando se proyecta bien, la casa entera se organiza alrededor de él; cuando se deja para el final, se convierte en un lugar de paso.
Un patio funciona por proporción. Si es muy grande, la sombra no llega a los muros y el espacio se convierte en un solar; si es muy pequeño, no ventila. Como referencia, en una casa de planta baja un patio de entre el 15 y el 25 % de la superficie construida suele dar luz suficiente sin comerse el programa.
Un patio es una estancia: necesita un sitio donde sentarse, agua, luz y un acceso que no obligue a cruzar la casa.
La orientación importa más que el acabado. Un patio al sur necesita protección en verano y aprovecha el sol en invierno; uno al norte agradece superficies claras y vegetación que devuelva luz. En ambos casos, conviene dejar una franja pavimentada y otra plantada: el patio se usa mejor cuando se puede cruzar sin pisar tierra.
El agua y la vegetación no son decoración. Un árbol pequeño, una pérgola o una lámina de agua bajan la temperatura varios grados y hacen que el patio se use en julio. En El Saler lo comprobamos con los pinos existentes: la casa no compite con ellos, se organiza para que den sombra.
El error más común es tratar el patio como una vista desde el salón. Un patio es una estancia: necesita un sitio donde sentarse, una toma de agua, luz para la noche y un acceso que no obligue a cruzar la casa. Cuando tiene esas cuatro cosas, se habita.
