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Reformar sin perder la luz

Antes de tirar un tabique, conviene entender de dónde viene la luz y a qué hora. Tres decisiones que cambian una reforma.

Estancia blanca con sofá y mesa de madera junto a un ventanal

En una reforma, la luz no se añade al final. Se decide al principio, cuando todavía se puede mover un tabique o cambiar la posición de una puerta. La orientación manda más que el estilo.

La primera decisión es dónde queda el espacio de día. Si el salón y la cocina comparten orientación, la casa gana una franja de luz continua; si se separan, cada uno tiene su mejor hora. No hay una respuesta universal, pero sí una pregunta útil: ¿cuándo usas cada estancia?

La luz no se añade al final: se decide cuando todavía se puede mover un tabique.

La segunda es la altura. Bajar el techo para esconder instalaciones puede parecer cómodo, pero en pisos pequeños se nota. Merece la pena buscar recorridos alternativos para conductos y dejar la altura original. En un ático, cada centímetro de techo vale más que un metro de armario.

La tercera es el color. Los blancos muy fríos y los grises oscuros absorben matices distintos según la hora. En una casa orientada al norte, un blanco roto y una madera clara hacen más que cualquier lámpara. En una orientada al sur, conviene que las superficies tengan algo de textura para que la luz no rebote plana.

Hay una cuarta decisión que no es de diseño: el orden de la obra. Si se cambian ventanas y se abre un patio, conviene hacerlo antes de colocar suelos y carpintería. Parece obvio, pero es la causa más frecuente de una reforma que se alarga un mes.